

Capítulo IX
Trazando dirección
Todos los agentes de policía se dirigieron a la casa del alcalde, cuando llegaron a la entrada, llaman la atención de él, dando pequeños golpes a la puerta.
A los pocos segundos, se abre la puerta dejando ver al alcalde y el interior de se hogar.
-Hola, buenas noches señores agentes ¿A que se debe vuestra presencia?- Quiso saber el alcalde.
Mis hombres y yo estamos llevando a cabo la investigación de las muertes de dos de sus vecinos, también estamos interrogando a todas las personas que
creemos que podrían haber tenido alguna relación con los fallecidos-
En aquel momento, Francesco se puso nervioso por los avances de los agentes de policía, no sabía que decir ni que hacer, la leña que ardía en la chimenea del
salón de su casa, aunque estaba por terminar de consumirse, la sensación de irritabilidad, aumentaba en su cuerpo.
-Que le ocurre? Esta sudando- Le pregunto uno de los agentes-
-Es por la edad, cada día me cuesta más moverme-
A pesar de su respuesta, ninguno de los policías le creyeron, pero no le dijeron nada y empezaron con el interrogatorio.
-Señor Francesco, tranquilícese y siéntese-
-¿De que conoce a los fallecidos?- Le pregunta el oficial.
-Bueno, el señor Carlos, era hijo de Bedette, cuando Carlos cumplió los 18 años, se fue de su casa dejando a su madre sola, ella dependía demasiado de su hijo por
eso se quedó sola, cuando pasó eso se volvió loca, para ayudarlo a él a mejorar su situación yo le enseñe un oficio y lo lleve a trabajar a la empresa de Alexander
porque sabía que él estaba buscando nuevos empleados-
¿Por qué lo estaba buscando si la productividad de su negocio avanzaba positivamente?
-Él buscaba a alguien que pudiese ser apto para ponerse al mando de su empresa, pues en los últimos años, su actitud con sus trabajadores había cambiado notablemente, no creía en nadie-
-¿Sabe el motivo?-
-No-
Las respuestas que les había dado, aunque conseguían resolver varias dudas, aún había cuestiones que necesitaban resolverse. Tras haberse acabado el
interrogatorio, cordialmente ambas partes se despidieron.
Al cerrar la puerta detrás de sí, los agentes se movilizaron a nuevas pistas.
Las horas pasaban, con ello, también el cambio del tiempo, la luna iba desapareciendo haciendo visibles nuevas nubes resplandecientes debido a tímidos rayos que
desprendía el pequeño sol mañanero que iluminaba cada rincón que estaba en su trayectoria dando lugar al comienzo de un nuevo amanecer.
Muchos de los habitantes se despertaron con la sorprendente noticia del arresto de su alcalde, no llegaban a entender lo sucedido, durante varias semanas, aquel
asunto se había convertido en l único tema de conversación del cual hablar, a partir de ese momento, la pérdida del quien durante mucho tiempo había sido la
persona idónea para ponerse al servicio de los ciudadanos, iba a suponer el comienzo de la inestabilidad de la convivencia. Una vez haberlo detenido, quedaban por
resolver varias preguntas que aún quedaban sin respuestas y que los agentes sabían que cuyas respuestas serían claves para resolver el caso que les ocupaba.
Aunque comenzaban a ver apices de luz a lo largo de los días, cada movimiento que daban, parecía resistirse a llegar a su fin, las energías e ideas de quienes de alguna manera, colaboraban para acabar con la amenaza, disminuían considerablemente hasta llegar al punto de no saber que más hacer, sus empeños ya no eran suficientes.
Largo tiempo transcurrió hasta que sin darse cuenta, un rayo de luz tenue se arrojó sobre los pequeños espejos de cristal que se situaban a lo ancho de los muros, lo atravesaba despertando del agotamiento y sueño a los agentes, el jefe Marckley poco a poco intentó ordenar los informes que fue acumulando desde que comenzó la investigación. Se paso muchas horas intentando encontrar el siguiente paso en todos aquellos papeles pero cada vez que tenía la respuesta a una pregunta, esta provocaba aún más, las cuales le causaban gran sensación de abatimiento pero él no era de las personas que se rendían, ni siquiera cuando no tenía la seguridad de que su vida no correría ningún peligro por estar en ese caso.
Al no encontrar algo de utilidad, decidió salir de la comisaría para tomar el aire e intentar despejar la mente, abundantes sonidos impactaban en sus oídos llenandolos de paz, pequeños grupos de personas cuyas edades no superaban los 15 años, jugaban sin detenerse pero en sus rostros se reflejaban la triste realidad con la que les tocaba vivir, pues alguno de esos corazones habían perdido a quienes alguna vez habían sido la razón y destino de su amor y cariño. El agente se sentía impotente por no saber que más hacer, a cada paso que daba, la distancia desde la comisaría hasta donde él se encontraba, aumentaba cada vez más, a medida que avanzaba iba notando como el paisaje cambiaba, al llegar cerca de una pequeña hondonada, el estado del terreno le era desconocido puesto que no podía recordar haber visto algo así en todos sus años de servicio, aún así, tomó la arriesgada iniciativa de seguir el rastro que lo atravesaba notoriamente.
Profundas marcas de pisadas diferentes se situaban una delante de la otra acercándose a una ciénaga, el descubrimiento lo dejó extrañado porque no entendía la aparición de pisadas cerca de un sitio tan peligroso. En lugar de alejarse, lo recorrió metro a metro, no parecía haber nada fuera de lo normal, cuando se disponía a volver al camino inicial, un repentino golpe de viento lo empujó violentamente obligándole a mantener el poco equilibrio que tenía pero no lo consiguió, debido a eso solo podía intentar no hacerse demasiado daño al impactar contra el suelo, al hacerlo, sus manos se posaron bruscamente en rocas uniformes.
Tras recuperarse de la pequeña molestia que le estaba causando lo ocurrido, se reincorporó con prudencia, ya en pie, decidió dar marcha atrás y regresar a su
puesto de trabajo, con la mirada de la luna pegada a él, llegó a la comisaría.
-"Jefe, por fin le encuentro"- Le sobresaltó uno de sus agentes.
-Tranquilícese ¿Qué le ocurre?-
-Hemos recibido una misiva informando de una posible pista sobre el caso que nos ocupa-
-¿Quien fue el remitente?-
-No se sabe, la he encontrado en el umbral de la puerta- Le respondió.
La información que le había dado, le dio un atisbo de esperanza de cara a seguir intentando encontrar nuevas formas para cerrar el caso. Con la misiva en sus
manos, ambos entraron en el interior de la comisaría para ocuparse de lo que han recibido.
Palabra a palabra, todos los agentes que se encontraban en aquel momento,
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