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Segunda parte de la Trilogía Oro Rojo

Capitulo X

Consecuencias

En la mañana siguiente las cosas no parecían haber cambiado, sus majestades y sus subordinados, se levantaron de sus respectivas camas. Cada empleado y

empleada se dirigió hacia la cocina para desayunar.

Mientras todos lo hacían, había dos que no lo hacían, por la confesión de Aarón a Adrianne la tensión entre ellos era tal que se podía cortar con un cuchillo

dificultando su alimentación pero aun así, los dos volvieron a sus tareas. Tras saciar sus estómagos, cada uno de ellos se marchó de la cocina para empezar a

realizar sus quehaceres.

Aarón se fue a hablar con Adrianne sobre lo que él le había confesado.

 

-¿Qué quieres?-

 

-Olvida todo lo que te he contado, esto no te concierne, si novas a ayudarme aléjate de mí-

 

-¿Ayudarte?¿Ayudarte a qué?¿Qué piensas hacer?

 

-Pienso saber quién es ese preso-

 

-¿Qué? No te das cuenta de que ahora debería decirle todo esto a nuestro señor-

 

-Fue él el que encerró a ese hombre, necesito saber quién es-

 

-Es muy peligroso, nos condenaran a la orca-

 

-¿Por qué me lo estas contando?-

 

-Porque confío en ti, no me falles-

 

A Adrianne, aquellas palabras le sorprendió al mismo tiempo que le helo la sangre.

 

-Mmm está bien ¿Qué piensas hacer?-

 

-Primero debemos conseguir el plano del castillo-

 

-¿Dónde está?-

 

-Hugo I lo guarda en sus una de las estanterías de su biblioteca privada-

 

-Esta noche lo tendré-

 

Al acabar su conversación ambos abandonaron la recamara y continuaron haciendo sus tareas.

 

Llego la noche en los cielos del reino.

 

En el silencio nocturno, cuando todos los empleados se encontraban durmiendo, Adrianne se incorporó de su cama, saco una llave de debajo  de su almohada, se

acercó a la puerta, cogió un candelabro que estaba en la entrada y se dirigió hasta el despacho del rey. Los pasillos solo se ven por la luz que salía del candelabro,

al atravesar el gran salón, ella se detuvo en silencio, solo se escuchaba el tímido silbido del viento que recorría el cuerpo de ella dejándola quieta, poco después,

prosiguió su andar llegando a la puerta del despacho y entró.

 

Ya en su interior, empezó a buscar ese plano, abrió todos los cajones hasta que lo encontró dentro de uno de ellos, una vez cogido el plano se dispuso a salir,

cuando sin aviso escucho pasos al otro lado de la entrada, Adrianne sin saber qué hacer, se quedo inmóvil sin apenas respirar esperando a la menor oportunidad

para salir sin ser vista y volver a su recamara.

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