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Segunda parte de la Trilogía Oro Rojo

Capítulo I

Compatibilidad terrenal

 

A finales del siglo XVI, la población francesa había conseguido vivir con los recuerdos de los acontecimientos que acontecieron a mitad de siglo. El pueblo de

Carennac Lot paso a formar parte de un progresivo reinado encabezado por Hugo I, descendiente de uno de los primeros habitantes que formaron pequeños

pueblos y que se asentaron en Francia.

Por tradición familiar Hugo I, al cumplir los 18, tenía la obligación de casarse y tener herederos al trono. El día había llegado, a partir de ese día, no paraban de

llegar carretas al castillo con las princesas procedentes de otros reinos para aspirar a ser la futura esposa de su rey, pero no conseguía encontrarla porque ninguna

de las candidatas le parecía la adecuada.

Mes tras mes, pasaron por su reino muchas princesas, ninguna de ellas conseguía conseguir el corazón de Hugo I, al cumplir 30 años, los esfuerzos por encontrar

futura reina, desistieron. Todos los miembros del consejo real estaban desesperados ante la despreocupación de su majestad y ante la posibilidad de la falta de

cumplimiento de las leyes francesas que durante siglos nunca habían sido incumplidas.

En la mañana del sexto mes, el rey Hugo se preparó para su entrenamiento de pelea para las futuras batallas que podría tener que afrontar a lo largo de su

mandato.

Cuando llego a los jardines situados a un extremo del lugar de entrenamiento, el general de los paladines, se acercó a él y se lo llevo a donde uno de sus mejores

caballos le estaba esperando para que lo usase. Al cabalgando al centro del campo, se dio cuenta de que no estaría solo, seria observado por parte de la corte real.

 

Todo estaba dispuesto para que comience, la corneta dio el inicio.

 

Un estacazo tras otro, los soldados elegidos para combatir con su majestad caían ante él, minuto a minuto Hugo I recuperaba su destreza y maestría de combate,

aplausos y vítores a nombre de ´´Viva  el rey´´ inundaban todo el recinto. Hacia el atardecer, el entrenamiento llegaba a su fin.

Los asistentes que se encontraban allí, pese a estar notablemente contento por el buen estado físico que aún seguía demostrando que tenía su sire, interiormente

parte de ellos, no podían dejar de inquietarse porque él seguía sin reina.

 

Uno tras otro fueron abandonando en campo de entrenamiento, Hugo I  acabo exhausto por lo que había hecho, después de recuperar un mínimo de fuerza,

camina hacia el estante de las armas para colocarlas en orden, allí le esperaba su general.

-Mi señor, sigue estando en buena forma, sinceramente creo que si tuviese una reina a su lado, aumentaría su reinado y a su vez, el número de soldados para

asegurar todas sus victorias en las batallas venideras-

 

-``Recuerde cual es su lugar general´´-Le replica el rey.

 

-Lo siento sire-Le respondió.

 

Después de disculparse, el general se marchó de allí, dejándolo solo.

Estando solo, se poso en un pequeño banco de piedra situado junto a un pequeño arbusto con rosas saliendo de su interior, encorvado y con la mirada perdida

fijada en un punto, su mente viajaba en dirección a la cabaña donde viva una joven llamada Bertrada. El lejano relinchar desesperado de uno de sus caballos lo saco

bruscamente de su letargo, por ello se fue al establo para averiguar qué era lo que estaba pasando.

-¿´´Qué ocurre?´´-Le pregunto gritando al conde del establo al verlo inmóvil viendo el incendio que estaba acabando con el establo poniendo en peligro todos los

animales de su majestad.

 

Sin pensarlo ni una sola vez, se introdujo dentro para intentar salvar a todos los hatos y tropillas posibles, horas más tarde, con el incendio aun sin control, las

llamas provocan una larga y densa humareda que se extiende poco a poco acercándose a los ventanales del castillo. Desde su interior todos los que se ocupaban

de otros asuntos ignoraban lo que estaba sucediendo en ese instante.

Cuando la columna de humo llego hasta la tercera planta, el jefe de cámara que se encontraba en ese momento en una de las habitaciones escribiendo varias

misivas, se detuvo un segundo para releerlas, al hacerlo, a su olfato llego un olor seco que le hizo voltear la cabeza hacia el ventanal.

-´´Dios mío`´-Exclamo sorprendido.

Cuando se percató de lo que estaba pasando, rápidamente corrió alterado hacia la entrada principal, todos los presentes al no saber qué hacer ante esa trágica

situación, se quedaron quietos observando como uno de los mayores símbolos del país, estaba siendo devorado por las llamas, metro a metro, todo lo que tocaba

el fuego, se desgastaba y destruía sin vacilar hasta que después de muchas horas pasadas, el incendio se extinguió por completo. Los murmullos dieron comienzo,

ninguno de ellos podía imaginar quien o que podría ser lo que había provocado el incendio.

A pesar de lo ocurrido, las obligaciones no se detuvieron, pues sin perder ni un minuto, el rey Hugo ordeno a cada uno de ellos que continuasen con su trabajo en

las instalaciones que poseían situadas lejos del castillo. Mientras lo hacían, Hugo se marcho a buscar a uno de los pueblos conocidos por tener la población

dedicada al desempeño de trabajos en el área de la construcción.

Uno a uno, su majestad fue reuniendo a sus trabajadores, una vez hecho el grupo, se los llevo al lugar de la catástrofe.

Por el trayecto, Hugo les iba indicando lo que cada uno de ellos tenía que hacer al llegar al lugar. Ya en el terreno, cada uno de ellos se dividieron situándose en

diferentes puntos siniestrado para poder hacer una evaluación visual previa a las posibles construcciones que llegasen a hacer.

Con la luz brillante de la tarde, cada material que los constructores estaban preparado para su utilización debería ser cuidadosamente inspeccionado por el jefe de

obra que estaba al mando...

En las instalaciones lejanas…

Los integrantes de cada departamento, de cada cámara que formaban el numeroso grupo de confianza de su majestad, se organizaba el espacio que poseían para

intentar seguir haciendo sus respectivos cometidos para remediar los fallos que según ellos, estaba cometiendo su joven rey. Poco a poco, la noche hizo acto de

presencia oscureciendo todo lo que se encontraba cerca de ella.

A pesar de la falta de luz, todos los trabajadores seguían con sus labores sin descanso, pues si se detenían, lo pagarían con sus vidas. Noche y día trabajaban sin

descanso porque de ello dependía que lo ocurrido quedase en el olvido.

El rey Hugo descansaba pacíficamente en su cama sin ruidos que pudiesen interrumpirlo. En la mitad de la noche, entre el amplio silencio, sonidos fuertes sonaban

sin un porque, desiguales, aquellos sonidos aumentaban según iban pasando las horas, las tímidas ondas que formaban las ráfagas de viento que entraban por los

huecos que se repartían por las cuatro paredes de la habitación, tocaron las mejillas del rey, aun así, no se despertaba pero el choque de un candelabro que él tenía

colocado en su mesilla de noche contra la madera de la cual hacia contacto, lo sobresalto de tal manera que él acabo impactando en el suelo.

El golpe en su cuerpo no hizo que sus oídos lograsen que deje de oír aquellos sonidos que le impedían conciliar el sueño, debido a eso, se reincorporo del suelo, se

sacudió su camisón, cogió su pequeño candelabro que utilizaba como sustituto de luz natural, se acerco a la puerta de la alcoba y la abrió cautelosamente con la

creencia de que llegaría a ver a alguien en el pasillo, cuando lo hizo, sus ojos se abrieron aun un poco más, pues allí no había nadie y no se oía nada, la situación en

la que se encontraba le causaba cierto estado de nerviosismo y temor pero lejos de regresar a su cama, decidió salir al pasillo para buscar la causa de los ruidos. Metro a metro avanzaba cada vez más al mismo tiempo que los sonidos regresaban, el sire observaba cada rincón del lugar sin encontrar lo que pretendía

encontrar, no dejo buscar pero solo conseguía que las miradas de las imágenes de las personas representadas en los cuadros que estaban en las paredes a ambos

lados del pasillo, lo vigilasen, él sentía cierta incomodidad llegando a estimular temblores en todo su cuerpo, poco a poco se iba dando cuenta de que lo que

estaba causando los molestos sonidos suimaginación se vio disparada de tal manera que sin demora y con miedo se dio la vuelta y retomo su andar en sentido

contrario hasta que pudo llegar a su alcoba para descansar.

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