

Capítulo I
Apagón
Mañana tras mañana observaba por el ventanal, el paisaje solitario esperando su llegada acompañada solo de la luminosidad del que desertaba de su profundo
sueño, bullicio, risas, pasos acelerados, la acompañaron en lo que en principio seguía siendo una mañana más entre tantas. Cada vez que cerraba los ojos, una
sombra humana se adueña de sus sueños y pesadillas, en el inquietante silencio, el ruido del reloj predomina en su casa.
Al abrirlos ojos, baja por las escaleras buscando saciar su sed tempranera. Gotas de agua humedecían la madera del viejo suelo de la cocina, fríos silbidos del
viento, susurraban nombres.
Un suspiro de Coraline llena el día de desilusión, el crujir de la madera bajo sus pequeños pies la llevaban hacia el ventanal del salón, donde su imaginación
embellece sus deseos. Con timidez coge la taza de café, el calor que trasmitía la porcelana, calentaba sus manos, poco a poco se le iban calentando aún mas pero
eso no le importaba.
Al terminar de tomar el café, cogió la taza se incorpora, se dirigió hasta el lava platos y la deposito encima, más tarde se prepara para salir de su casa pero al
acercarse a la puerta y coger el pomo, se detiene sin apartar la mirada de la vieja madera.
-¿Qué hago?- Se pregunto.
Minutos después decidió abrir la puerta para salir a la calle.
La luminosidad que el sol proporcionaba a la calmada mañana, cubría a todos los viandantes que se encontraban en ese momento en las calles, a Coraline le
extrañaba el bullicio que se había formado.
Era un día domingo soleado pero triste.
¿Quién era esa persona con que soñaba? Que ocupaba su mente.
Se escuchan golpes, se despierta con la inquietud de saber si el tan ansiado poseedor de su corazón, se encuentra al otro lado de la puerta, él no está, su rostro se
entristece al comprobar que solo era el vals de las hojas primaverales, sus esperanzas se desvanecen cuan gota en rio.
-¿Dónde estás? Ven a mí-Se decía así misma.
En la madrugada gélida vuelve a abrir la puerta pero al hacerlo, él no está, su esperanza se desvanece. Las miradas ausentes la apuñalaban con fiereza a la vez que
insinuaban la aparente locura que expresaba.
Todo lo que veía le recordaba lo que anhelaba pero no podría tener a su lado. Las hojas dibujaban los pasos que la guiaban hacia lo que parecía su destino, pronto
las huellas se disuelven, en la meta, alza la vista y es testigo de un lugar jamás visto por ella.
Pequeñas olas de agua cristalina en movimiento bañaban la espesura, sus oídos escuchaban la melodía de los animales alados intercambiando conversaciones,
promesas de una vida conjunta le asaltaban la cabeza. Un nuevo sol lanzaba sus rayos sobre el hogar de Coraline, pájaros entonaban su canción, uno de ellos se
posaba en la ventana de su habitación, empezaba a imitar su canto celestial, alzó la vista, observo a un joven solitario a puesto que movía sus verdosos ojos
admirando la belleza de las mujeres con que se cruzaba e intercambiaba palabras aunque veía cosas negativas, veía positivas, una escena con la que ella soñaba
durante años, imágenes solitarias se emparejaban mezclando sus sentimientos.
La luz de sus ojos se volvieron oscuridad, un vacío llenó su cuerpo con palabras vacías, en todo aquello que rosaba, sentía un frio gélido, momentos tan cercanos y
a la vez tan lejanos, con cada acercamiento nacía una esperanza que desaparecía minutos después, cada día se rompía como hojas de papel ,al llegar la noche
dirigió sus caricias hacia la almohada cuya única compañía era la oscuridad que ocupaba la soledad de su interior. Los aplausos rítmicos que producían las pocas
ventanas abiertas aplaudían el hecho de que Coraline descansara sin interrupciones.
Horas más tarde, Coraline despertó en un estado de relajación que le despejo la mente estando ya así, se dirigió al patio trasero que tenía en su casa para podar y
regar las plantas que no había cuidado anteriormente, su acción la acompaño con un tarareo improvisado de la nana que había oído cuando ella era un bebe.
Cuando hubo terminado de hacerlo, regreso al salón con la nana aun tarareándola al compas de los pasos que daba, al pasar al lado del cuelga ropa cogió el bolso
que colgaba en uno de sus ganchos para buscar un bolígrafo y un pequeño blog de notas que tenía para guardar sus pensamientos y sentimientos que nacían cada
día en su corazón, al llegar a la mesa central, cogió la silla que vio más cerca de ella, la arrastro hacia atrás para poder sentarse en ella.
Cómodamente situada, pozo el blog encima de la mesa y empezó a escribir extensamente sin perder concentración, en mitad de la escritura, una ráfaga de aire
acaricia su espalda causándole el temblor de su cuerpo, giro la cabeza hacia la parte inferior de la entrada para ver el motivo de esa ráfaga, al hacerlo se dio cuenta
de que el aire había entrado al interior de su casa a través de la abertura que había desde la parte inferior de la puerta hasta el suelo. Para intentar solucionarlo, se
incorporó de su asiento, se acercó a la entrada y coloco el paño que había utilizado con anterioridad para anudarse el cabello en la abertura, al poco de hacerlo, sus
oídos captaron varias voces hablando a la vez.
Las palabras que había oído, no fueron de su agrado, causaron en ella desconcierto y confusión, pues aunque a ojos de las personas que la veían cada día, ella
carecía de ganas de vivir sin motivos, no llegaba a entender que solo viesen esa parte de ella. Al terminar de oír aquella conversación, lentamente, con la cabeza
inclinada hacia abajo, dio media vuelta y se alejó de la entrada haciendo disminuir las voces que le hacían daño.
Pasos más tarde de haberse alejado, Coraline se acercó a un arcón dañado por el tiempo, allí, cogió una de las libretas que año tras año guardaba y que desde que
aprendió a escribir, las utilizaba para expresarse libremente sin ser juzgada ni calificada por quienes la rodeaba. Con la libreta y el bolígrafo en las manos, empezó a
observar cada rincón que tenía despejado de su casa para intentar encontrar un lugar adecuado para sentarse a escribir.
Momentos después encontró un pequeño espacio debajo de una claraboya, sentada ya allí comenzó a desahogarse, cada trazo de su bolígrafo significaba una
herida más cerrada pero era consciente de que la herida que aún seguía sin poder curar y que le causaba profundamente más dolor, no iba a cerrarse de igual
manera que las otras. Pasadas varias horas y después de muchas lágrimas derramadas sobre su libreta, dejo de escribir, cerro su libreta y la deposito en el interior
del arcón.
Ya pasado aquel mal momento, Coraline inspiro y expiro calmada y repetidamente hasta recuperar el ritmo respiratorio normal, la oscuridad saludo a todo el
pueblo, poco a poco ella se encamino hacia su habitación agotada por el desgaste emocional que había tenido. El estando en su interior sin antes preparase para
acostarse en la cama, se tumbó y se relajo hasta que como consecuencia del estado físico en el que se encontraba que tenía, el sueño le tapo los ojos.