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Segunda parte de la Trilogía Oro Rojo

Capitulo VIII

Sospechas

A la mañana siguiente, el servicio se incorporó de sus recamaras para desayunar y para ponerse a trabajar, Aarón entro en la cocina.

-Hola, buenos días, tengo hambre-

-Hola buenos días, parece que has conseguido descansar, tu siempre tienes hambre jeje, vete a comprar las cosas para la comida-

-Está bien-

Aarón se marchó al mercado a comprar lo que le había mandado.

Mientras se dirigía al mercado, se quejaba con palabras despectivas hacia su rey, las calles eran el reflejo de lo que la gran fiesta celebrada la noche anterior, había

dejado.

A medida que se iba alejando de los dominios del reino, el paisaje iba cambiando.

Ya a las afueras, el desconcierto por no conocer lo que se encontraba a cada paso que daba. En el transcurso del camino pedregoso, se adentró en un campo

muerto, allí se cruzo con alimañas, el miedo provocaba su paso acelerado para salir de aquel lugar.

yendo a los compradores que se acercaban a cada puesto.

Al haber salido, siguió su trayecto hacia el mercado, tiempo después, a su llegada, empezó a oír gritos de los comerciantes que intentaban atraer a quienes se

acercaban a sus puestos para que comprasen sus productos. Era la primera vez que estaba allí, todo era nuevo para él.

El atardecer comenzaba a cubrir el cielo azul, Aarón, después de haber conseguido comprar todo lo que necesitaba, salió de allí, encaminándose hacia el castillo.

Cerca de los dominios de su majestad, paso al lado de una de las torres que la policía utilizaba para encerrar a los presos, giro la cabeza hacia la derecha y hacia la

izquierda, buscando alguna ventana por la que poder ver su interior.

No conseguía ver nada, por ello decidió retomar sus pasos.

-¿Quién eres?-Se preguntaba así mismo mientras caminaba.

Construcción

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