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Segunda Parte de la trilogía Oro Rojo

Capitulo III

Voz ausente

Paso a paso, todo el batallón se iba alejando del campo de batalla, algunos heridos y otros exhaustos, por lo cual ninguno de ellos lograba darse cuenta de que

faltaba un soldado. Mientras se marchaban, eran vistos por Hugo i, que presenciaba la marcha, desde lejos agonizando por una herida grave hecha por la estacada

de una alabarda en su pecho.

A pesar de estar mal herido intenta una y otra vez llegar arrastrándose al resguardo de su reino, lo intenta durante horas pero lo único que consigue es cansarse

cada vez más hasta quedarse sin fuerza y por la intensidad del dolor que sufría se desmayo. La luna se quedó con su brillo al cuidado de los cuerpos sin vida de los

soldados que habían perdido la vida.

En el interior del castillo…

Uno a iban llegando los soldados, la mano del rey, esperaba la llegada de su rey, en la puerta principal, veía a todos pero menos a él.

 

-´´¿Donde está el rey?´´-Pregunta a mano del rey, gritando.

 

Todo los presentes en ese momento, se detuvieron en seco. El silencio respondió por sí solo.

Rápidamente todos los soldados disponibles, salieron a buscar a su rey.

Numerosas tropas no cesaron en la busque, el reino había quedado sin nadie quien lo reinase. Las semanas siguientes fueron un caos constante.

Todos los miembros del consejo se reunían en repetidas ocasiones buscando una solución urgente.

Mientras tanto en los alrededores del castillo…

La noche pasaba y Hugo no despertaba, con el sisear del viento debido al rose con las rocas y los restos de los muertos, se unieron el sonido de suaves pasos, el

desmayo iba desapareciendo, sus oídos aunque habían perdido gran parte de audición, pudieron captarlos pero no podía ser nada más, segundos después empieza

a notar como es arrastrado por alguien que no consigue diferenciar.

-¿Dónde estoy?¿Que está pasando?-Se preguntaba aun desorientado.

Tras varias horas siendo arrastrado por el campo y atravesando el bosque más frondoso que tenía dentro de sus tierras, llegaron a lo más profundo de una floresta

oscura y el ser que lo estaba arrastrando se detuvo bruscamente. Aquel ser le soltó la pierna que le había cogido para arrastrarlo, haciendo que su pierna aterrizase

encima de una roca afilada.

-Quien eres tú?¿Que quieres?-Le pregunto desesperado a una sombra que vio cerca de él.

-No me recuerda? no tiene buena memoria-Le dice Bertradaa Hugo I.

¿He?¿Nos conocemos?- Le pregunto nuevamente a la sombra.

Al oír la pregunta, ella se acerca a una pequeña mesa que tenía encima una vela encendida a medio consumir, permitiéndole a Hugo I, ver la identidad de la sombra

que lo había arrastrado durante varias horas.

-¿Bertrada?¿Eres tú?-Le pregunta sorprendido.

-Si ¿Qué hacía fuera de tu castillo, herido y desmallado?-

-Alguien de mi posición se debe enfrentar a muchas batallas para defender su reinado y a los que viven bajo su protección-Le contesto.

-Nunca he entendido de que sirve dar la vida por unas cuantas rocas pegadas y bien clocadas, son muchas vidas las que se pierden en esas guerras pero el

resultado no cambia, la hambruna y la pobreza no cambian-Le dice Bertrada a Hugo I.

Ante sus palabras, el rey se quedó sin palabras, aunque debía defenderse de lo que había oído, no podía, él sabía que todo lo que decía ella, era verdad.

-¿Que le ocurre?-Le pregunta curiosa al verle la cara a Hugo I.

-Me he quedado sorprendido de tus pensamientos sobre la realeza-Dijo sin pensar, queriendo salir de ese momento incómodo.

Hugo intento levantarse de la cama que ella había improvisado con rocas grandes y numerosas ramas grandes que había recogido de los árboles en la que estaba

tumbado pero al hacerlo  las heridas parecían abrirse más y provocar el aumento del dolor que sentía.

-No te muevas, aun no estás recuperado-Le advirtió Bertrada.

-¿Qué es esto que me has puesto en los cortes de mi cuerpo?- Le pregunta al ver que en las heridas tenia puesto una especie de mezcla espesa y colorida

cubriéndolas.

-Es un ungüento hecho de fougère y verdolaga son curativas-

Le hará bien-Le responde ella.

A pesar de que Bertrada lo había salvado de lo que podría haber sido una muerte segura, le costaba confiar en ella.

-No vivías con tu familia en el campo?-Le pregunta curioso.

-Sí, este lugar lo utilizo cuando quiero estar sola- Le responde a él.

¿Qué es lo que haces aquí tan aparatada de todo?- Le pregunta él extrañado por lo que le dijo Bertrada.

-Mi familia siempre se ha dedicado a labores de campo, nunca han querido dedicarse a otra cosa para tener más de lo que ya tienen pero yo siempre he querido

tener mucho más- Le contesto Bertrada.

La fluida conversación entre los dos, le hacía olvidar al rey el dolor de sus heridas. Los días transcurrieron lentamente en aquella cabaña, Bertrada se pasaba a verle

cada día, después de ayudar a sus padres con el trabajo de campo.

Cuando lo hacía, ella le mantenía informado de todo lo que pasaba en su reino desde la desaparición de Hugo I.

-´´Tengo que salir de aquí ahora mismo´´-Exclamo el rey con desesperación por lo que le estaba

pasando a sus dominios.

-´´Aun no estás curado, no podrás solucionar todo lo que está pasando mal curado´´-Le respondió ella con enfadado.

A regañadientes, Hugo I acepto quedarse en la cabaña de ella.

Con su sonrisa disimulada, Bertrada lo miraba en silencio, Hugo sabía que lo estaba haciendo pero disimulaba porque le gustaba que lo hiciera. Durante todos los

meses que han estado juntos sirvieron para que a pesar de lo que había causado uno de sus encuentros inesperados, se uniesen cada vez más. El tiempo

transcurrido no solo consiguió la unión de los dos, sino que también, todas las que el rey había sufrido se habían curado.

Con la llegada de la noche Bertrada y Hugo se encontraban alrededor de una mesa circular conversando sobre lo que cada uno tenía pensado hacer. En mitad de un

de los temas de la conversación su majestad se reincorporo bruscamente de un respingo y se dirigió a la puerta de la entrada dispuesto a salir de allí.

-´´¿Dónde vas?´´-Le pregunto Bertada a él sorprendida por la reacción que él había tenido.

-No puedo perder más tiempo, debo regresar al castillo, alguien debe

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