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Pequeña luz

En la profundidad de la cueva el ser descansaba como podía, intentando combatir lo que desde noches anteriores lo atormenta sin tregua, el silbar de las olas de

aire que atravesaban las paredes de fuera hacia dentro lo saco de su descanso, el hambre le pedía socorro, aunque no tenia aun fuerza para moverse, con la poca

que tenía y aun con los ojos medio cerrados, salió de la cueva para adentrarse en el bosque, pero no tomo los caminos que solía elegir, en la dirección contraria

había un sector que ni siquiera el ser humano se atrevía a conocer, con el tiempo ese camino fue olvidado, menos por la bestia que a pesar de no usar el camino,

en su rutina, siempre lo observaba desde lejos. Pero aquella vez iba a ser diferente, pues comenzó a andar en aquella dirección, metro a metro se sorprendía de lo

que veía, no reconocía nada, llegando casi al final del camino, observo un sedero abandonado por la vida animal que anteriormente había en cada rincón.

Allí, la presencia del ser humano, no existía dado que en épocas pasadas el medio ambiente había destrozado todo lo que tocaba. Seis horas más tarde de que

la criatura llegase al lugar, comenzó a agotarse por estar varias horas sin llevarse nada a la boca, utilizando la energía que le quedaba, se arrastró hasta

el tronco robusto de un sauce llorón para poder utilizarlo como espaldera, el paisaje que presentaba ese espacio, lejos de incomodarlo, lo hizo viajar de regreso

a aquellos tiempos pasados en los que la comida abundaba pero esas imágenes se veían interrumpidas por una serie de secuencias proyectadas en el exterior

mediante sus redondos y temibles ojos, que reflejaban una vida que aparentemente creía no ser suya, no comprendía por qué veía esas escenas

pero el estado físico en el que se encontraba, no le permitía intentar hacer algo para deshacer lo que veía.

Una repentina rama descendió de lo alto del sauce llorón impactando en el centro de la cabeza del ser, atontándolo hasta dejarlo sin sentido. El sol

comenzaba a descender detrás de los arboles desnivelados enfriando el terreno, cuando consiguió recobrar el conocimiento, se sorprendió al darse

cuenta de que no había luz por ninguna parte, la única prueba de vida además de la bestia, eran los cantos a la luna de las manadas de alimañas nocturnas que

aprovechaban la oscuridad para cazar, construir y rastrear a sus presas.

El estómago del ser resonaba formando parte del canto del bosque, en mitad de la melodía una de las bandada de aves apostadas en lo alto de los árboles y

arbustos hecho a volar sin control y atacando a todo lo que se encontraban interrumpiendo su vuelo. El ser, al verse en tal bullicio, sin ver lo que tenía a su

alrededor, inicio su andar cada vez más acelerado para escapar de los furiosos ataques.

Tras horas corriendo para alejarse del lugar, se detuvo para coger el aire perdido por el agotamiento, al mismo tiempo giraba su cabeza hacia todas las direcciones

con el objetivo de buscar una fuente de alimentos para saciar su hambre. El alcance de su visión le permitió tener una amplia información del terreno y de todo lo

que habitaba sobre la tierra, aunque la bestia creía ver movimientos que creía que serian provocados por algún animal, al iniciar la carrera para atraparlo se daba

cuenta de que no era ningún animal, por ello, siguió en su busca, se pasó muchas horas buscando, hasta que a los pocos metros de un montículo de rocas

estriados.

Parecía no estar utilizado como madriguera pero lo que le llamo la atención fue una secuencia de garabatos grabados en su superficie, queriendo saber si era real o

no, alzo una de sus manos y la pozo en cada uno de los dibujos, el tacto que percibió no le resultaba agradable y le provocaba la necesidad de cazar a todo ser vivo

que se le pusiese por delante. Como resultado de tal reacción, la bestia empezó a destrozar el montículo de rocas, al terminar de hacerlo, a lo lejos se empezaron a

oír sonidos uniformes, aquellos sonidos que parecían aproximarse hizo que el ser girase la cabeza hacia la dirección que provenía lo que estaba escuchando.

Sus ojos se abrieron aún más porque se dio cuenta de que el ruido lo estaba causando un humano. Los labios de la bestia comenzaron a salivar, mientras el niño

paseaba entre la maleza buscando vayas para llevarlas a la casa de su madre, a medida que se iba alejando cada vez más del ser porque ampliaba la distancia en la

que conseguía encontrar los alimentos que buscaba, la bestia aprovechaba para acercarse a él poco a poco hasta arrinconarlo en una zona en la que no pudiese

huir.

El niño a la vez que centraba su atención en su objetivo, comenzaba a ponerse nervioso porque notaba que alguien lo estaba vigilando, por ello procuraba darse

prisa en terminar. La bestia se aproximo en silencio al niño por detrás, al notar una tímida onda de aire, giro la cabeza hacia atrás, sus ojos se abrieron de tal

manera que parecía que le iban a salir de sus órbitas.

Cuando logro reaccionar, hizo ademán de querer correr pero su captor alzo una de sus garras y de un zarpazo lo empujo y le clavo sus afiladas garras en la cara

causándole heridas de dimensiones considerables que dejaban la carne a la vista, a pesar del dolor causado, el niño movía cada parte de su cuerpo sin control

intentando huir sin éxito del ser, no dejaba de sangrar ni de escupir sangre, de su boca solo salían gritos de dolor y de desesperación con la esperanza de que

alguien lo escuchase y acudiese a su llamado desesperado de auxilio, pero nadie acudía a su encuentro, las lágrimas descendían imparables por sus mejillas

acompañadas de la súplica desesperada por su salvación. Minuto a minuto el tiempo pasaba y el chico iba perdiendo la vida en manos de la agresividad del ser,

hasta que finalmente logro dejarlo sin vida.

 

El cuerpo del pequeño se iba consumiendo a medida que la bestia se alimentaba de él, la brusquedad de su acción crecía de tal manera que alteraba el inicial

control que tenía haciendo que se descontrolase. Cuando termino de alimentarse, el ser cogió como pudo parte de los restos que quedan de lo que momentos

antes era un ser humano.

El cielo se lleno de nubes grises preparándose para desprender una gran tormenta, gota a gota la lluvia descendió sobre el terreno creando charcos y ríos, la poca

sangre que le quedaba a los restos, se mezclo con el agua espesándolo y trasladándolo colina a bajo desembocando en troncos quemados por el impacto de

los truenos. La bestia empapada se encamino de regreso a su cueva para descansar y usar los huesos que había recogido, de regreso a su hogar se había olvidado

del camino que había escogido para llegar al lugar donde había podido alimentarse, a pesar de ello, siguió caminando olfateando todo lo que se encontraba para

poder encontrar así, el trayecto al resguardo de los muros rocosos calurosos de su caverna.

La oscuridad dominaba el cielo dejando solo las tímidas luces que desprendían las estrellas capitaneadas por la luna, el recuerdo de la vida que arrebato, se

convirtió en la compañía que a pesar de lo entender los sueños que durante mucho tiempo había atormentado su vida, en su única calma.

Tiempo después, la bestia recorría todos los kilómetros necesarios para llegar día tras día al mismo lugar esperando tener el mismo resultado que la primera vez

que estuvo allí. Y así fue, cada vez que llegaba, encontraba una víctima diferente con la única diferencia de que esas numerosas personas, no le producían ningún

estado después de digerirlas, por ello, se podía alimentar sin parar y hacerlo sin ninguna dificultad.

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