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Capitulo 2

Encuentro

Coraline se preparaba para afrontar un nuevo comienzo, aunque desde una temprana edad una de las cualidades con las que había nacido era el ser positiva

pasase lo que pasase, su positividad se iba debilitando, fuese donde fuese, mirase donde mirase, solo veía la felicidad y el bienestar que ella tanto anhelaba desde

hace muchos años atrás, la alegría que veía en cada persona con la que se cruzaba por las calles, impactaban en ella como fuertes golpes impactando directamente

en su corazón. Todo parecía estar en su contra, la ausencia de alguien a quien amar, la cálida compañía de otra persona… pero eso no la desanimaba, horas más

tarde, antes de terminar el paseo se dirigió a un lago al que ella solía ir aquel lugar le transmitía paz y tranquilidad, le permitía soñar con una vida mejor que la

que tenía actualmente.

Solo se oían los chapoteos de la pequeña cantidad de peces que jugaban en el interior de una fuente situada a pocos metros de lago. Coraline tenía la

sensación de que su destino era vivir en soledad limitándose a ser pareja de su propia imaginación.

Mientras contemplaba el movimiento silencioso de las aguas del rio, sus ojos se deleitan con las vistas que le proporcionaba el horizonte, el corazón de

Coraline sentía la calidez de la tarde, un sordo ruido despertó su interés unos pasos se acercaban a ella por la espalda, poco a poco se iban acercando, no se dio la

vuelta porque temía saber de quién se podría tratar.

Con la incógnita aun en su interior, decidida, se incorpora y se marcha apartándose de aquella persona. Varios soles más tarde, seguía con la intriga de saber quién

era esa persona.

El tacto de las sabanas que cubrían su cuerpo, le hacía soñar con el momento en el que pasar cada noche de su vida, bajo la protección y el calor de los brazos de

él.

Al salir de su casa, se dirige al mismo lugar en el que ese hombre y ella habían hecho suyo. A medida que se acercaba, lo ve sentado al borde del río, su encuentro

con él le provocaba preguntarse si había encontrado el tan ansiado amor que durante años esperaba.

Los siguientes días los afrontaba con nuevas emociones. Al encontrarlo en el mismo punto exacto, lo vio con una mujer.

Su sonrisa se esfumo al verlo en acompañado, nadie hablaba, la tensión crecía a medida que pasaban las horas, los chapoteos de los peces empapaban los rostros

de los tres, en ella aparecieron los celos de los cuales creyó que jamás podía sentir alguna vez al mismo tiempo que volvía sentir la tristeza y el dolor que tiempo

atrás invadió su vida. En las semanas siguientes, los amaneceres llegaban con llamadas a la puerta desde las calles que finalizaban con respuestas inexistentes.

Sobre las 09:00, ella salió de su casa para pasear e intentar no pensar en lo que le había pasado pero aquellas imágenes no se esfumaban, se movían, se

mezclaban con otras, pero no desaparecían de su memoria, no había respuestas a las llamadas de atención que les hacían sus vecinos. Metros después, a lo lejos

ve al que fue el motivo de sus llantos cada noche, el deseo de acercarse a él, no era más fuerte que el impulso de marcharse en dirección contraria provocado por

lo sucedido semanas antes.

Tiempo más tarde, Coraline se choco de lado con él, al no tener que decirle, dio media vuelta y se marchó por otro camino alejándose de él.

 

Poco después, aquel hombre al ver que ella seguía alejándose de él, corrió hacia ella y mientras daba sus primeros pasos, le cogió del brazo para detener su

marcha, el silencio atrapo a ambos, creando un ambiente silencioso a la vez que intercambiaban miradas desiguales. La de ella, desilusión y la de él, alegría al verla,

extendió su mano hacia su brazo de tercio pelo acariciándola delicadamente hasta su mano, sin dejar de mirar a aquellos ojos que abrazaban su corazón.

En aquel momento ella deseaba hablarle, pero aquel recuerdo que tenía en su cabeza se lo impedía al igual que una entrada sin puerta, suelta su mano y

retoma su andar. De regreso a su casa, su estado de ánimo no mejoraba, pero no le importaba, pues ya se había acostumbrado a estar así, el ambiente de su hogar

era su única compañía desde el alzar de la luz solar hasta la bienvenida de la luna.

Al llegar a la entrada de su humilde refugio, Coraline entro al interior, se quito parte de su ropaje, los coloco debidamente en un pequeño rincón, luego subió las

escaleras deterioradas por el tiempo para poder llegar a la segunda planta, ya allí se metió al cuarto de baño para alistarse más cómodamente, pasados varios

minutos, salió del baño y se dirigió hacia su habitación. Ella tenía la tranquilidad interior de que el descanso mental que le proporcionaba el dormir, le hacía olvidar

la falta de amor que durante años le faltaba.

Poco a poco, sus ojos se cerraban producto del sueño que tenia. Numerosas nubes blancas brillantes debido a la luz que expulsaba el tímido sol, saludaba a cada

habitante del pueblo.

El corazón de Coraline no se despertó con el mismo jubilo. Observo el otoño teñido de oro, cada pensamiento que su mente creaba, llevaba la firma de él.

En uno de esos pensamientos, se imaginaba a ella cogiendo su mano para subir por esas escaleras empinadas de las floridas laderas del pueblo y sentarse juntos a

las cristalinas aguas del río, donde se habían visto .El ruido de una vieja rama rozando vieja ventana llama la atención de Caroline, le hace olvidar por un instante el

rostro del joven.

Habiendo salido de ese mundo irreal, se encamino a su cocina para desayunar su café matutino, sus pequeñas manos cogieron la taza, una sensación extraña

recorrió su cuerpo. En la distancia, escucho cantos de sirenas que aumentaban el volumen de su melodía a medida que se aproximaba a su hogar.

Lo que había oído la incomodaba impidiéndola seguir consumiendo su café, por ello, se incorporo de su silla y sin pensárselo salió a la calle para ir al lugar donde

ella creía que procedía aquel sonido. Muchos metros después, ella llego al mismo lago donde conoció a su primer amor.

La situación no auguraba nada positivo, cuando estaba cerca de una fuente, pudo ver que mas adelante, una ambulancia estaba atendiendo a un herido, aquella

visión la dejo extrañada, por detrás se acercaba a ella una mujer con los ojos empapados en lágrimas, ella no entendía su comportamiento, hasta oyó que dijo algo

que no esperaba oír. Aquella anciana mujer del pueblo, clama con voz desesperada el nombre de Fausto.

Caroline en esa misma mañana conoció a la mujer de la cual nunca pensó que iba a atormentarla.

La madre de Fausto, una mujer de fuerte carácter.

Llego la tarde sin darse cuenta, el tiempo se detuvo al igual que lo hizo su corazón.

Lo que la vida le había ofrecido por momentos, aquella persona se lo estaba quitando al igual que el amor que la ilusionaba.

-Le dije que no bajara al rio con su hermana-Grita la señora, al viento entre lagrimas y respiración agitada.

Caroline entro en estado de jock al recordar aquel joven que conoció a orillas de aquel bello pasaje. Al salir de aquel estado, decidió alejarse deprisa del lugar

porque no podía soportar estar más allí.

Entre sollozos, Caroline logro alejarse del lugar, poco a poco, la tristeza que tenía le iba arrebatando la energía de su cuerpo debilitándola y dificultando su andar

hasta dejarla de rodillas en el suelo rocoso. El sol se escondió detrás de las viejas casas, dejando espacio a la caída

gota a gota, al hacerlo se habían formado pequeños charcos alrededor de ella, tambores resonaron en las alturas anunciando nueva tormenta, aunque el mal

temporal se iba acercando, Coraline no se movió del mismo sitio, no le dio importancia a lo que estaba a punto de suceder.

Sumida en su estado, segundo a segundo fue fundiéndose con el negro áspero del asfalto.

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