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Capitulo VI

Especulaciones

Paso a paso se iban acercando a la casa del alcalde, debido al aumento del sonido que emitían, él decidió asomarse a una de sus ventanas

para mirar al exterior y saber que era lo que estaba pasando fuera.

Al hacerlo se quedo boquiabierto, un numeroso grupo de personas se había plantado en frente de su casa, cada miembro que se encontraba

allí, exigía  a Francesco que les diese todos una explicación sobre lo que estaba matándolos uno por uno, al no saber que hacer, se alejo de la

ventana y se dirigió a la puerta trasera de su casa para salir sin que nadie lo viese, tiempo más tarde, regreso con el jefe de policía y juntos se

reunieron en su casa con para encontrar la manera de erradicar la epidemia. Después de la reunión que habían tenido, Marckley partió de la

casa y ordenó a sus agentes que empezasen de inmediato con los interrogatorios a todo el pueblo en busca de indicios que esclareciesen lo

que acarreó los fallecimientos.

El temor se había apoderado de las personas y todos empezaron a sospechar unos de otros, se miraban como si de repente ya nadie se

conociese verdaderamente y como si conviviesen con extraños. El ambiente alegre y de paz que antaño se respiraba en el pueblo dejó de

existir.

Un silencio fúnebre junto a la opacidad de la noche se abrió camino entre sus hogares. Solo se escucharon aullidos, ladridos... sonidos

originados de antemano por la fauna de los alrededores.

A los pocos minutos, el basurero pasó con su carreta, se detuvo y alzó los cadáveres que la trifulca que se había producido entre los

alborotadores y los agentes que intentaban desalojar las calles. El trayecto que hacía el barrendero en dirección al cementerio que tenía el

pueblo para los restos sin vida, se veía alumbrado por faros de tamaño medio que colgaban de los extremos altos de la carreta.

Cada difunto expelieron sus fluidos corporales disueltos en sus interiores derramándose por dentro. Los golpes y saltos provocados por el

carro, incitaron a que las acuosidades sobresaliese de la madera y se precipitasen hacia las calles.

Nadie salía ni entraba de sus hogares, el alcalde decretado toque de queda.

Los días pasaron y aún no obtenían pistas sobre qué fue lo que les ocurrió a los fallecidos. La policía seguía con la investigación, ya habían

interrogado a casi todas las personas.

Los oficiales se dirigieron a la mansión del ahora ex esposo de la señora Freshton. Es un hombre de intachable estatus social, alto, su cabello

rojo como la sangre, delgado pero fibroso, sus ojos grises, trasmitía seriedad, sus cejas finas, sus brazos y piernas reflejaban el estado físico

de un deportista.

Por su cargo, era reconocido en todo el territorio francés. El empresario tenía aires de supremacía, vivía en una mansión de dos pisos.

Esa misma noche mientras empezaba a llover.

Los agentes llegaron a la mansión del viudo de la fallecida.

La llamada en la puerta se hizo presente.

Alexander abrió la puerta, los pilares estaban construidos con piedras, cada una de ellas albergaba una habitación pequeña, las puertas

estaban hechas de metal reforzado, excepto la puerta de la entrada principal que era gruesa de 2 metros de largo y 1 metro de ancho.

-Hola, buenas noches agentes-

-Hola, buenas noches. Estamos investigando las muertes de su mujer y la de su empleado¿ Le importa que le hagamos algunas preguntas?-

-Por supuesto que no, adelante, pasemos al salón, que estaremos más cómodos-Le respondió.

En el salón estaban colocadas de pies varias armaduras de hierro con sus respectivos utensilios de combate.

-¿Se les ofrece algo?-

-No, gracias-

 

Alexander se mostraba nervioso.

-¿Le pasa algo señor?-

 

-Estoy esperando una carta de mis socios-

Los agentes le hicieron varias preguntas entre las cuales se encontraban:-¿Cómo era la relación con su mujer?¿Tenía algún problema con algún vecino suyo?¿Vio o

noto algo raro en su comportamiento momentos antes de su muerte?-

Él empezó a sentirse incómodo pero pudo responder a todas las preguntas.

-‘‘¿Creen que yo la he matado?''−Pensó con aparente indignación.

-Nuestra relación era como las de otras parejas felices, a veces nos peleábamos pero enseguida lo arreglábamos, la conocí a través de un amigo, una tarde salí a

buscar una decoradora de interiores, accedí al interior de la floristería del pueblo y allí estaba ella, me dijo que sabía hacerlo con flores. A partir de ese momento la

contraté, la lleve a mi mansión para que la conociese y poder explicarle como quería la decoración. A medida que pasaba el tiempo nos fuimos conociendo cada

vez más hasta que nos enamoramos y nos casamos. Que yo me haya enterado, no tenía ningún problema con nadie, siempre era amable y agradable con la gente,

su comportamiento era natural todos los días-

-Está bien, si recuerda algo más...-

Alexander lo interrumpió y dijo.

 

-Un momento, hace 3 días, por la mañana me incorporé de mi cama y cuando me dirigía caminando por el pasillo hacia el comedor a desayunar, escuche hablar a

una persona. Era mi esposa. Me asomé para saber el porqué de esos gritos, vi  que estaba leyendo una carta que le había entregado alguien. En los días siguientes

adoptó una actitud extraña, al preguntarle que le pasaba, cambiaba de tema rápidamente. Desde ese día ya no era la misma, cambio completamente.

Mientras Alexander respondía, empezó a sudar y a temblar impidiendo así su facilidad para vocalizar.

Al terminar de responder aquellas preguntas, él rompe en llantos de tristeza, hizo ademán, se levantó de la silla y camino hacia uno de los ventanales del salón,

cogió con rabia una de las cortinas de seda que en ese instante cubrían loscristales, dio un golpe al cristal y dijo.

 

−!Maldita sea! Si hubiese sido más atento y considerado con ella, aún seguiría viva!−

-Perdone ¿Puede repetir lo que acaba de decir?-

-¿Eh? No...No era nada, bueno señores agentes, si me disculpan, ahora debo seguir arreglando los preparativos del funeral y necesito descansar un poco-

-Si se le ocurre algún dato más que quiera aportar, avísenos-

-Les mantendré informados-

Cuando la policía hubo acabado, se despidió de Alexander y siguieron su camino. Al terminar de despedirse de ellos, Alexander se aseguró de que se alejaban de su

mansión y rápidamente se fue corriendo a la casa de Francesco, alcalde del pueblo desde la aparición de la peste negra.

Es un hombre blanco de 50 años, de estatura media, con peluca color gris ceniza y gordo. La expresión de su cara marcaba el pasar del tiempo. Vestía con un corsé

verde, para transitar utiliza un bastón de madera cubierto de resina, su carácter es sarcástico, decidido, malhumorado y despreocupado ante situaciones

importantes y de peligro.

-! Hola, buenas noches ¡-

-¿Qué le pasa?-

 

-Hola señor, ¡tenemos que hablar!-

 

-A delante pase, parece que el plan nos da resultado ¿Qué sucede?-

 

La policía estuvo en mí casa haciéndome muchas preguntas.

-Entre risas, Francesco se atragantó con su saliva y empezó a toser-

-Tranquilícese, es el procedimiento normal en estos casos, no se preocupe-

 

-No sé cuánto más podré aguantar, es demasiada presión-

 

-¿A caso se te ha olvidado por qué hacemos esto?-

 

-No...-

-Tú conseguías vengarte de tu mujer por haberte engañado con tu empleado Carlos y yo consigo que la imagen por la cual es reconocido este pueblo, no se vea

afectada. Hemos elegido este momento para que nadie sospeche nada y crean que la terrible enfermedad ha vuelto y que es la causante de que la señora

Freshton y Carlos hayan muerto-

-Pero…-

-¿Tú sabes lo que he tenido que hacer para planear todo esto? He tenido que sobornar a los acreedores de alimentos y agua para que no vuelvan por aquí, he

manipulado los alimentos con compuestos químicos, he escondido el dinero de mis vecinos, que se debería de haber utilizado para mejorar las condiciones de los

hogares y mejorar las condiciones de salud pública. En definitiva, me juego mi puesto, me he ensuciado las manos por este pueblo, así que no me vengas con

arrepentimientos de niña. Además piensa una cosa ¿Cómo quedaría la imagen de tu negocio, si se descubriese que la mujer del

empresario francés le ha engañado con uno de sus empleados?-

Alexander lleno de rabia al recordar el momento en el que había descubierto el engaño de su mujer, dijo.

 

-Tienes razón ¿Qué es lo que debo  hacer?-

 

-No hagas nada, solo han ido a tu casa por pura rutina, nada más, no hay indicios que te impliquen en

sus muertes-

 

Otro día llego a su fin.

La mañana era nublada, una pueblerina miro por la ventana de su casa, entre la niebla había una silueta de una persona que se iba acercando al pueblo con un

saco en la espalda sujetado con las manos, esa persona era Dominique. Un hombre de estatura media, piel café, su cabello despeinado con rizos, cejas que

escondían sus menudos ojos que aun así no impedían que su cálida mirada no pasase desapercibida, tenía las pestañas largas, negras y espesas, algo muy raro de

ver en un hombre, teniendo en cuenta que era médico.

A juzgar por la vestimenta, no era exactamente pobre a comparación de las personas del pueblo.

Cuando aquel hombre llegó a la entrada, observo todo al detalle.

Mientras que se le formaba un nudo en la garganta, un sentimiento de tristeza se instaló en su pecho, sentía como si algo pesado le atravesase la espalda, como

si la alegría se esfumase, ese pequeño lugar estaba devastado a causa de la peste negra.

-¿Dónde está la gente? ¿Por qué no hay ruido?-

 

Suena raro pero con solo escuchar una voz en ese momento, lo hubiese tranquilizado.

 

Se ajustó su saco a la vez que su mente debatía si seguir adelante o voltearse, pero si se marchaba su conciencia no lo hubiese soportado, sabiendo

perfectamente que él podía curar las malas condiciones físicas que pasaban esa gente o tan solo aliviar su dolor, sus pies empezaron a moverse y decidió seguir.

Él se dispuso a entrar y se encontró con el alcalde del pueblo.

-Hola, bienvenido a Carennac Lot-

 

-Hola buenos días, soy un médico que busca techo para pasar la noche-

 

Al oír esto la mujer que estaba asomada en la ventana, exclamó.

 

-¡Un médico, él nos ayudará a esclarecer los fallecimientos!-

 

-¿Qué fallecimientos?-

 

-Mmm, no ninguno, no se preocupe. La pobre mujer nació con cierto grado de deficiencia mental y a veces no distingue los sueños de la realidad-

-Bueno ¿Me puede dar un techo?-

-Sí, sígame-

Mientras el alcalde llevaba al médico hacia un lugar en donde se hospedería, no paraba de mirar con gran asombro las condiciones inhumanas en las que vivían

esas personas. Sus ojos vidriosos reflejaban su tristeza al ver tales escenas.

Tras caminar por los caminos del pueblo, llegan a una casa.

Era diferente ya que era una de las casas del alcalde.

-Usted se hospedara aquí, lo dejaré solo para que se termine de instalar, espero que la estancia sea de su agrado-

-Está bien-

Después de dejar a Dominique, Francesco se queda de pie junto a la puerta en la parte de afuera, tenso y frustrado. A los pocos minutos se alejo en dirección a la

casa de su cómplice.

Cuando llegó, le empezó a contar la aparición del nuevo visitante.

-¡No puede ser! Esto se está empezando a complicar cada vez más!-

-No te preocupes, tú solo encargarte de que no sospechen nada, ni la policía ni ese médico entrometido-

Ambos asesinos se despidieron mutuamente sin perder sus objetivos perniciosos.

Transcurrió el siguiente día.

 

Dominique se puso de pie por la mañana y decidió pasearse por las calles del pueblo, cuando por el camino se encontró con Lorraine, residente en el pueblo y

testigo del hallazgo de los cuerpos sin vida de sus vecinos.

-Hola, buenos días-

-Hola, buenos días-

El médico no daba mucho crédito a lo que le dijo el alcalde sobre aquella señora, por lo que decidió indagar un poco.

-Dígame ¿De qué óbitos estaba hablando usted antes?-

Los de Marcos, el empleado de Alexander y el de su mujer, la señora Freshton, aparecieron en medio de la calle con numerosas marcas de quemaduras.

-Pero... eso no puede ser posible, ya no hay restos que indiquen otras enfermedades mortales–El médico pensaba.

Al médico le había parecido extraño que las víctimas tuvieran esas características.

Volvió a su casa y monto una pequeña sala médica ensu salón. Al concluir con los preparativos de la sala médica, fue a buscar al agente Jean Pierre Berger que

también era el encargado de las investigaciones junto a su jefe para que le llevase al sitio en donde estaban los cadáveres.

Al momento de llegar, Dominique empezó a examinarlos y a discernirlos a ojo, después le pidió ayuda al agente para llevarse los cuerpos a su casa.

-Agente, ayúdeme a trasladar los cuerpos hasta mí casa-

-De acuerdo-

Dominique y el agente se llevaron los cadáveres hasta llegar a su casa con los occisos.

-Bueno agentes gracias por ayudarme con los cuerpos-

-De nada, le dejo a solas para que empiece con las autopsias-

Cuando los tuvo tumbados a cada uno en una mesa, empezó con la autopsia para hacer un escrutinio y averiguar cuáles fueron las causas de sus muertes.

Lo primero que hizo fue examinar exteriormente a Carlos paso a paso y minuciosamente.

Inicio el examen médico palpando su cuerpo de arriba abajo, buscando marcas o heridas.

Transcurridos unos minutos, observo que en su espalda tenía puntos pequeños amarillos. A continuación hizo un corte iniciándolo en el hombro derecho hasta

el hombro izquierdo, otro corte sobre el externon perpendicular hacia abajo respetando el ombligo hasta formar una cruz a lo largo y ancho del cuerpo, luego

continuo extrayendo la parrilla costal con el costotomo para ver su estado. Separó el diafragma desde el esternón hacia la costilla para observar si hay deficiencia

de líquidos, vio un alarmante desnivel de líquidos, examino los riñones y encontró pequeñas perforaciones, también extrajo los pulmones para examinarlos en

busca de abscesos y/o perforaciones y observo que sus

tamaños y colores eran anormales. Seguidamente observó el tronco y la caja torácica para saber si tienen alguna fractura.

Cuando termino con los órganos, extrajo el páncreas observando que tenía hemorragias.

Al haber terminado con el cadáver de Carlos, volvió a realizar los mismos procedimientos con el

cadáver de la señora Freshton. Discernió los resultados de las dos autopsias anotadas en su libreta, no le

resultaban lógicos a Dominique dado que los exámenes anteriormente realizados no demostraron que

la causa de las muertes fuese la peste negra.

Pero el médico se dio cuenta de que se había olvidado examinar el estómago de las víctimas y hacerle una extracción de sangre para ver su estado, entonces

cogió el órgano, lo cortó por la mitad y descubrió la apepsia provocada tan solo minutos antes de su muerte. Repitió el mismo paso con la señora Freshton

y contemplo que al igual que Carlos, ella tenía alimento en su estómago, ella también tenía alimento en su estómago. A posteriori analizo la sangre y vio un agente patógeno extraño.

Cuando Dominique había dado por concluido su trabajo, escribió lo que había descubierto en las autopsias. Lo último que hizo fue ir a buscar a la policía para

enseñarle los resultados finales de las autopsias.

Al apreciar las anotaciones de la libreta del médico, Marckley decidió que los cuerpos fuesen sepultados en el cementerio creado con fosas comunes donde

descansan en paz los muertos del pasado. Cuando terminaron de hacerlo, de la nada, en el silencio vacío de la noche aparecieron Alexander y

Francesco, desenterraron los muertos, se adentraron con ellos a cuestas en lo más hondo del bosque a las afueras del pueblo. Al mismo tiempo que Gael estaba

caminando reflexivo por la calle solitaria, de repente observo dos sombras humanas moviéndose acompañadas del ruido pesado de unos pasos.

Por el sonido fuerte que transmitían esos pasos, intuyo que eran dos personas alejándose cada vez más haciendo que el sonido desaparezca, pero en lugar de

no hacer caso por eso, tomo la imprudente decisión de averiguar a quién o a quiénes pertenecían aquellos pasos, a donde se dirigían y hacía que sitio le llevarían.

Mientras que estaba caminando, se daba cuenta de que se iba alejando del pueblo. Tras haber caminado durante horas, llego a un lugar oscuro que

inspiraba misterio y desconcierto.

Él desconocía la existencia de ese lugar dado que la única persona que debería de saber que existía era el barrendero encargado de deshacerse de los

cuerpos infectados cuando apareció la epidemia. Aquel bosque oscuro con árboles ausentes de vegetación, era como un gemelo del bosque que recorría todas

las mañanas pero en este caso era triste, solitario y a diferencia del otro en el que se respiraba bienestar y podía sentirse la alegría en él, en este solo se

sentía terror, soledad, frío y miedo.

Una ráfaga de viento silbaba tenebroso vigilado a lo alto por el ojo de la luna blanca y brillante. Mientras la alfombra espesa formada por la niebla caminaba

por todo el bosque impidiendo el seguimiento de sus andares, un hedor repulsivo llegó a su olfato sensible que le obligaba a arrugar la cara como reacción al fuerte olor, pero había podido alzar la mirada y descubrió las identidades de las sombras.

Se trataba de la sombra del señor de la Rosa y de la sombra del alcalde que transportaban dos sacos aparentemente pesados. Sus ojos reflejaban la perplejidad

que sentía al ser testigo de tal escena.

Ellos arrojaron los sacos con desprecio y desconsideración a la cima de una montaña hecha con los cadáveres de los infectados que no cabían en el cementerio,

pero al caer los sacos, un brazo había sobresalido de cada uno de ellos, el brazo que sobresalió del saco que transportaba Alexander era de una mujer y el brazo

que sobresalió del saco que transportaba el alcalde era de un hombre. Su sorpresa aumento aún más al ver que estaban haciendo, la reacción que había tenido

provoco un suspiro de temor.

Súbitamente, cuando acabaron de abandonar los cuerpos, el alcalde y Alexander al oír el suspiro que había soltado, se giraron bruscamente hacia donde él estaba

colocado pero se oculto entre los árboles logrando hacer invisible su presencia a los ojos de ellos. Con cuidado se fue apartando cada vez más, el camino se le

hacía largo, aun mas de lo que realmente, su cuerpo temblaba sin parar era, el terreno complicaba su desesperado propósito, todo sonido que escuchaba se veía

amentado por su inevitable imaginación, al cumplirse media distancia desde cada paso, dejo de moverse, algo lo detuvo.

El estado predominante se altero por el descenso de vegetación viva y muerta, olas de humareda mezclada con polvo, se introdujo en los ojos y en la garganta

de él dificultando su vista y su necesidad de hidratación.

A pesar de las dificultades que tenia, insistió en su empeño por salir de aquel lugar pues no se olvidaba de que estaba siendo perseguido por dos asesinos, a

mucha distancia de ellos aun seguía escuchando sus pasos acercándose a él, su rostro se lleno de terror porque sabía lo que le pasaría si esas dos personas lo

atrapaba, tiempo después, cuando se quedo sin fuerzas para seguir, su cuerpo impacto contra el hondo y agrietado suelo. Alexander y Francesco no dejaban de

buscar aquellos ojos que uno de ellos creía haber visto aunque por la inexistente visión la cual carecían, no daban con quien podría llegar a ser su condena y la

entrada en prisión de los dos.

Con el cambio de la media luna a luna llena, ambos llegaron al límite del bosque que colindaba con el pueblo, allí ninguno de los dos siguió caminando en cambio

decidieron regresar a sus hogares y seguir aparentando tranquilidad delante de todo el vecindario.

Mientras, en otro punto de la arboleda…

Aarón seguía inconsciente, el único rastro de vida que se podía percibir se ubicaba en sus pulmones, tímidas respiraciones movían su pecho, después de horas

inmóvil abrió los ojos, las vistas no eran las que él esperaba, por ello intento moverse para ponerse de pie, con dificultad lo consiguió, con su estado actual sabía

que no podría ir demasiado lejos, fijando la mirada a escenarios lejanos a su posición, intento saber en qué punto del lugar se encontraba porque aunque el lugar

se lo conocía con exactitud, no estaba acostumbrado a estar por allí de noche, pero eso no hizo que dejase de querer salir de allí. Llegando las primeras señales

del amanecer, las campanas no sonaron como acostumbraban hacer, ni el despertar era igual de su gente iba a ser lo que era, las cosas habían cambiado, a partir

de aquel momento Aarón tuvo que tomar la decisión de dejar de abandonar la búsqueda de su existir para empezar a preocuparse por seguir con vida.

Con el semblante serio, la mirada perdida y sin gesticular, se dirigió a paso ligero hacia su casa, metro a metro sus ojos intentaban sumergirse en las muestras de

gozo que cada miembro se expresaba mutuamente, cuyo acto confiaba que lo que veía provocaría en él la dosis de amnesia que necesitaba.

-´´Aarón, buenas noches ¿Qué haces en la calle a estas horas y tan sucio ? un chico como tú no debería hacerlo-

-Buenas noches señora Teur, estuve dando un paseo por los alrededores, me quede dormido encima de un pequeño montículo y perdí la noción del tiempo, el

estado de mi ropa se debe a eso-

-Es peligroso hacerlo, acuérdate de lo que les ha pasado a nuestros vecinos-

Al oír esas palabras, no pudo evitar pensar en lo que le había pasado momentos antes, su rostro se congelo.

-¿Qué te ocurre chico? te has quedado mudo-

Tras varios minutos él reacciono.

-Las repentinas muertes de esas dos personas, me ha afectado un poco, ambos eran ejemplos de lo que yo espero ser algún día-

-La respuesta que él le dio, produjeron en la señora Teur un sentimiento de ternura típica en ella-

-He de irme, tiene razón, es muy tarde para mí-

El chico se despidió de la mujer cordialmente para acto seguido marcharse del lugar, en el trayecto de regreso, sus gestos se vieron drásticamente alterados,

desde lo sucedido, tenía que tomar la decisión y el compromiso de abandonar todo pensamiento de su pasado y empezar a buscar la manera de no atraer

ninguna sospecha que pudiese alterar la labor de los agentes de la ley.

Luna tras luna, parecía que las pérdidas sufridas se dieron por superadas, poco a poco todo volvió a la normalidad, en la soledad de su andar la fricción de la suela

de su calzado con la superficie áspera y sucia abriéndole agujeros uniformes, aun así, no dejo de sumar pasos a su movimiento hasta poder conseguir llegar

hasta la protección de su casa, ya en la puerta principal, el estado en el que se encontraba disminuyo considerablemente, con cierta tranquilidad se dirigió a su

cama para dormir e intentar olvidar lo que había vivido. La silenciosa nocturnidad se adueñaba de todos los hogares, el susurro de la soledad hablaba por sí solo,

ni una sola voz se pronunciaba para cortar el incomodo momento que solo las alimañas podían presenciar pues toda persona que viviese en aquel pueblo se

encontraba durmiendo.

A las afueras del pueblo…

Aunque ya había pasado un periodo considerablemente largo, no lo había hecho para el alcalde, él sabía que el motivo que le había llevado a cometer el terrible

acto, algún día le causaría consecuencias que arruinarían su vida. Su preocupación le llevaba a romper con algunas rutinas, tales como servirse una copa de uno de

los mejores licores que tenía guardado en su estantería junto al resto de bebidas que él coleccionaba para luego dirigirse a su sofá, sentarse y relajarse frente al

calor que recibía de su chimenea.

Sus ojos quedaron inmóviles en dirección a ninguna parte, el rostro mostraba gestos que solo gesticulaba cuando intercambiaba conversaciones con motivos

alarmantes, crujidos forzados en el sofá se hacían notar a la vez que Francesco se retorcía suavemente en sí mismo, chispas ardientes saltaban desde su origen

aterrizando en el parquet, uno de los saltos lo acompaño una trozo de hoja en blanco, él se dio cuenta de eso pero no le dio ninguna importancia, minuto a

minuto, las grandes llamas iníciales disminuían acortando sus sombras, el alcalde se incorporo de su asiento con el objetivo de irse a su habitación para así poder

descansar y no pensar en los problemas que actualmente estaba teniendo. Al hacerlo, su machacada columna trono gravemente obligando a su cuerpo a que se

doblase por el dolor que le causaba dejándolo en posición hacia abajo, en ese momento su mirada observo que el trozo en blanco de papel que salió del fuego,

estaba casi totalmente quemado, en ese momento si le dio un mínimo de importancia debido a que el escaso reflejo que estaba dejando la disminución del fuego

que se estaba consumiendo, hacia notorio una imagen que a simple vista parecía que en el aparecía él junto a los fallecidos en una época en la que el pueblo

gozaba de una buena vida social, aquella foto le produjo instantes de nostalgia pero aun así, lo cogió con rabia, apretó la mano arrugando la foto  hasta dejarla

prácticamente hecha una pelota puntiaguda y pequeña, luego la dejo caer en el suelo para acto seguido pisotearla con cierta presión, concluyo el acto pateándolo

hasta que acabase fuera de su casa.

Francesco sabia que lo que había hecho, no era lo propio ni lo adecuado pero sentía que no tenía otra opción porque no solo lo que hizo fue para ayudar a su

amigo sino que también lo hizo para ayudarse a él mismo. Durante el transcurso de las siguientes horas, se dedico a pasear por su casa intentando agotar

su energía para que el sueño lo dominase, la luz que emitía las chispas que aun quedaban debajo, proyectaban tímidas sombras en todas las direcciones,

finalmente, después de varios paseos, se dirigió a la entrada de su habitación, una vez allí, un bostezo profundo alargo su rostro hasta el punto de sentir como el

límite de abertura le hacía daño, cuando dejo de bostezar abrió la puerta, se metió dentro, se quito el albornoz, lo coloco encima de una de las puertas de su

armario, luego desplazo las sabanas de la cama hasta dejarlas a la altura de la mitad del colchón, se tumbo en el de manera que la relajación de

su mente que pretendía obtener resultase ser satisfactoria.

El clima ambiental cambio notoriamente, calor y frio se mezclaban entre sí provocando temblores y ardor en el cuerpo del alcalde, aun así se quito su albornoz y

se tumbo en su cama. Minuto a minuto, los temblores iban disminuyendo haciendo entrar en un estado de relajación muscular favorable.

Ráfagas sonoras flotaban en el vacío emitiendo lo que parecían ser palabras a oídos de quien por alguna razón estuviese en sus trayectorias, letras que parecían

anunciar a quienes podrían llegar a ser las próximas víctimas de la muerte silenciosa, ya que aun no se sabía quién o quienes estaban detrás de lo sucedido.

A pesar de eso la noche continuaba con su siclo.

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