

Capítulo III
La boda
El gran día había llegado, las horas corrían a toda prisa cuando Davina deseaba que se
detuvieran las agujas del reloj , un aire frio llenaba la pequeña habitación de la vieja iglesia
francesa un vestido blanco de seda reposaba, sobre una silla le esperaba a DAVINA. Se
acercaba muy lentamente con muchas emisiones diferentes, ansiedad, felicidad, no sabia
distinguirlas. el chirrido de una vieja puerta se abrió, Davina se levantó suavemente y vio la
cabeza de una joven dama muy refinada, ella se ofreció a ayudarla en lo que la novia
necesitase.
-Gracias -Respondió Davina.
Con una vos tenue Davina le preguntó- Podría recogerme el cabello? ¿Me podría decir su
nombre?-
-mi señora ¿Ya se ha olvidado de mí?.
Al oír mas clara su voz, a Davina le apareció recuerdos de la amiga con la que había
compartido agradables momentos.
-¿Sonsoles?- Le preguntó a aquella joven.
Ahora Soy Sonsoles os de Berberach presidenta de la pequeña sociedad de vecinos-
-Me alegro mucho de volver a verte, a pasado mucho tiempo-
Ambas amigas se centraron en el inesperado encuentro olvidando haciendo caso omiso al
tiempo hasta que escucharon el sonido fuerte de la campana nupcial.
-¡ La boda!-
-Sonsoles¿ Serias tan amable de llevar los regalos que con anterioridad, alguno de los
invitados habían dejado al lado de la puerta de la iglesia al interior de una de las
habitaciones sin ocupar?-
-Claro que sí, te veré en el altar-
-Espera¿ Querrías ser quien me lleve al encuentro de mi futuro esposo?-
Con motivo de su posterior ausencia, se amontonaron en un rincón junto a uno de los
cuartos separados que tenían que utilizar los contrayentes. Se invitó a todo Carennac,
llegaron nobles de todas partes, mayoritariamente de Francia, asistieron también los reyes,
los cuales mantenían buena relación con la familia de la Rosa, pues eran los que les
suministraban el vino “licor de los dioses”.
Famosos juglares actuaron en ella, y el vals sonaba armonioso.
Uno a uno, cada hueco del establecimiento donde se iba a realizar el evento, se llenaba hasta
que no quedo ningún espacio libre.
El órgano eclesiástico empezó a dar sus primeros tonos, el bullicio inicial producido por los
asistentes, se convirtió en silencio. Aunque los contrayentes se encontraban en disposición
de darse el sí quiero, las miradas de algunos invitados se clavaban en las nucas de la pareja, la novia no podía entenderlo.
Tranquila, mi cielo- Le dijo Alexander para intentar calmarla, segundos después giró la
mirada hacia sus conocidos, aquella acción le recordó todo lo que había logrado tiempo
atrás y que todo eso le llevo a conocer al amor de su vida.
Los invitados comentaban la belleza del lugar, pero la mente de Davina le traicionaba, puesto
que creía que su secreto tan bien guardado podría ser descubierto por quienes tenían en
frente. La voz de su madre comenzó a oírse en su interior haciéndola culpable de su muerte.
-Señorita Davina¿ Se encuentra bien?¿Señorita?- El llamamiento en alto del cura la saco de
su distracción.
-Si, lo siento, siga-
El sacerdote encargado de iniciar el evento fue Joshep grill.
-Estamos hoy aquí reunidos, para celebrar la unión entre dos jóvenes almas, el de la señora
Davina y el del señor Alexander.
-¿Señor Alexander, acepta como esposa a la señora Charlotte?-
-Sí, acepto- Contestó Alexander firmemente.
-Señora Davina ¿Acepta como esposo al señor Alexander?
-Sí, quiero- Le respondió Davina.
-Por el poder que la iglesia me ha otorgado, yo os declaro marido y mujer-
Habiendo afirmado las partes, sus verdaderas y sinceras intenciones entre ellos, el
sacerdote cerro el momento con unas últimas palabras.
Al minuto de que el sacerdote hubo terminado de pronunciar la última palabra, gritos,
silbidos y palabras de felicidad y de alegría tronaron por todo el lugar y junto a ellos, la
música sonó aun más fuerte y cambio de ritmo provocando en cada uno de los asistentes
sentimientos de alegría y de felicidad. Todo el bullicio se alargó durante varios minutos.
Dentro de los tiempos de recuperación que se estaban viviendo, una celebración de tal
calibre, parecía ser algo que todos en aquel lugar estaban anhelando y fueron ellos los que
les dieron un motivo de celebración.
Mientras todos bailaban, el sacerdote se aparto pasa paso y con disimulo, acercándose
hacia su confesionario para confesar a todas las personas que(aun sin haber sido invitados
a la celebración) llegaron allí para expulsar sus pecados y recibir las reprimendas. un señor
de avanzada edad se acerca en un estado de nerviosismo al confesionario coloco sus viejas
rodillas sobre el escalón del confesionario, aparto con su mano temblorosa la cortinilla roja
que cubría la ventana donde se encontraba el padre, en voz baja reclama.
Padre me escucha -si hijo-
Debo contarle algo que me pasó, me esta destrozando, debo de decirlo-
Adelante hijo dios te escucha-
-He visto como mataban a un hombre. Un grito inesperado sobresalta a ambos
haciéndoles olvidar la conversación.
El sacerdote y el pecador salieron del confesionario debido a lo que habían escuchado.
Mientras la celebración duraba varias horas, el sacerdote atraído por las palabras del
confesor, decidió buscarlo.
Cada espacio del lugar se llenó de gente y de sirvientes moviéndose de un lado para el otro,
el padre Grill continuaba con su búsqueda intentando esquivar a cada persona que
encontraba en su camino.
-Dios mío, ¿pero como se atreve?.
Grill había provocado que la copa que sujetaba una de las invitadas se volcase encima del
vestid que llevaba puesto para la ocasión.
En su recorrido se daba cuenta de que se acercaba a la entrada de la iglesia, poco antes le
llegar, vio como el testigo del asesinato confesado, salía por la puerta desapareciendo entre
las calles del pueblo, fue a su encuentro pero no pudo alcanzarlo ni ver en que dirección se
alejaba.
pudo ver decidió buscar al pecador para seguir confesándole una vez hubo terminado, todos
se desplegaron del lugar pero el evento se estuvo comentando durante las semanas
siguientes.